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La televisión es la pizarra del siglo XXI. Estado de la cuestión

Sra. Mar Comín Oliver

Profesora del CESAG

Resumen:

La televisión ha provocado una crisis en la escuela, que hasta hace poco era, junto con la familia, la forma incuestionable de socialización de las nuevas generaciones. La televisión elabora discursos pedagógicos. Transmite valores, actitudes y normas, de manera muy eficaz. Unas pautas de conducta que, a menudo, no coinciden con las que se enseñan en el colegio. Muchos maestros se sienten abandonados por una tele que entretiene pero se olvida de educar. Por eso, la ignoran en clase. Sin embargo,  en la era de la Imagen, no tiene sentido dejar la pantalla fuera del aula. Los maestros deben superar la irracional rivalidad que enfrenta a educadores y televisión, y desarrollar estrategias didácticas para enseñar a los niños a ver la televisión de forma racional, activa y crítica; para que, aliándose,  la escuela gane la batalla al televisor.

Palabras clave: niños, televisión, educación, maestros, estrategias didácticas, imagen, alfabetización audiovisual.

 

Abstract:

TV has caused a crisis at schools/in education, which was the new generation’s way of socializing not a long time ago.

TV elaborates educational discourses; it also transmits values, attitudes and rules, in a really efficient way. Some norms of behaviour, that often coincide with the ones taught at schools. A great number of teachers feel abandoned by a type of TV which entertains but do not educate. Therefore TV is ignored in the classrooms. However, in times of Image, it makes no sense not to use it in the classroom. Teachers must overcome the irrational rivalry that sets educators against TV and develop didactic strategies to teach children to watch TV in a rational, active and critical way but if they joined forces they would win this battle against TV.

Key words: Children, television, education, teacher, school strategies, Media Literacy.

En febrero de 2012, se marca un nuevo record histórico de consumo televisivo. Según un informe de Barlovento Comunicación con datos de Kantar Media, durante ese mes los españoles pasaron una media de 267 minutos frente al televisor. En total, casi cuatro horas y media mirando el aparato, por persona y día. El dato pone de manifiesto que la televisión tradicional es un factor importante de ocio para los españoles. La generación interactiva en España: Niños y adolescentes frente a las pantallas (2009) es otro estudio en el que participan más de 13.000 menores de entre 6 y 18 años de toda España. Entre otros datos, en este trabajo se constata que el 12% de los niños y adolescentes encuestados no sabe medir el tiempo de visionado de televisión; y que el 42%, enciende la televisión nada más llegar a casa. Los niños españoles aparecen entre los que más tiempo pasan pegados a pantalla en toda Europa, según otro estudio realizado por Kids TV Report, en 2011. Consumen 2 horas y 38 minutos de televisión al día.  Sólo les superan, en ocho minutos, los italianos.

Ver televisión -en todo tipo de soportes: móviles, tablets, ordenadores.. – es la actividad a la que dedican más tiempo los niños después de dormir. “El tiempo que niños y adolescentes invierten ante televisión es bastante significativo comparado con otras actividades que se realizan. La televisión ocupa más tiempo que la escuela. Según un estudio del Consell Audiovisual de Catalunya (2004), “el consumo anual de horas de televisión que ven lo niños, de entre 4 y 12 años es de 990 horas al año, frente a las 960 horas al año que dedican a la escuela”. A final de año, los niños han pasado más tiempo frente a la televisión que frente al maestro. Con el televisor en casa, poco queda de la época en que la socialización de los niños estaba exclusivamente en manos de la familia y la escuela. Con la irrupción de los medios de comunicación de masas, el sistema educativo tradicional ha perdido el monopolio en el proceso de socialización de las nuevas generaciones. La escuela como transmisora de conocimiento ha experimentado un cambio importante porque ha perdido su posición privilegiada para la transmisión de la educación.

Marshal McLuhan afirmaba, a principios del siglo XX, que la pedagogía de entonces no se correspondía con la era de la electricidad, sino que se había quedado en la de la escritura.  El educador Seymor Papert pone un ejemplo muy gráfico.  Se pregunta qué pasaría si un grupo de hombres del siglo XIX, formado por maestros y cirujanos, pudiera viajar en el tiempo hasta el día de hoy para ver cómo han cambiado las cosas en su campo de trabajo. Se responde a sí mismo Papert, que  los cirujanos, al asistir a una operación en un quirófano moderno, rodeados de todo tipo de artilugios electrónicos, no sabrían hacer prácticamente nada. Mientras, los  maestros  encontrarían en el aula pocos cambios notables. Allí,  con una pizarra, una tiza y el silencio de los alumnos podrían seguir dando clases, sin grandes inconvenientes. Paradójicamente, las enfermedades no han cambiado demasiado en cien años. Los alumnos, sí. Los niños y jóvenes del siglo XXI no tienen los mismos hábitos, ni formas de vida que los de hace cincuenta años.

Explica Giovanni Sartori (1998) que “una de las consecuencias nefastas de la televisión es que se está produciendo una metamorfosis en la naturaleza misma del homo sapiens, en la medida que la televisión no sólo es un instrumento de comunicación; es también un instrumento antropogenético, un médium que genera un nuevo anthropos, un nuevo tipo de ser humano, el homo videns, caracterizado por responder casi exclusivamente a estímulos audiovisuales y como consecuencia de ello insensible a los estímulos de la lectura y del saber transmitidos por la cultura escrita. El homo videns está perdiendo la capacidad de abstracción y, por ende, las capacidades de análisis, de crítica, de comprensión e incluso el de diferenciar entre lo verdadero y lo falso”.

Infinidad de estudios e investigaciones refuerzan la teoría de Sartori. Parece ser que no es lo mismo crecer escuchando los cuentos del abuelo o tras un balón, que hacerlo atontados delante del televisor, jugando frente al ordenador, mandando mensajes por el móvil o volviendo loca a la videoconsola. Tampoco es lo mismo haber crecido con Barrio Sésamo, Heidi, Marco o La Cometa Blanca, que hacerlo con Los Simpson, Son Goku o Pokemon. Los niños de hoy se duermen con lo que me entretenía a mí de niña, igual que probablemente a mí me aburrían los juegos con los que se entretuvo mi abuela.

Se ha producido una revolución tecnológica que ha afectado, sobre todo a los niños, que les ha permitido tener un mayor acceso a los contenidos de todo tipo y, por lo tanto, buscan un mayor dinamismo y movimiento. “Series como David el Gnomo, ahora serían difíciles de vender porque nosotros montábamos historias de 22 minutos que continuaban a la semana siguiente y los niños de ahora buscan otra cosa, dibujos rápidos, de un minuto, que cambien los colores, los protagonistas porque si no, y es triste decirlo, los niños se desconcentran”, explica el productor y guionista de series de animación para niños Claudio Biern Boyd, en una conferencia titulada Revolución en la animación, organizada por el Club Ultima Hora en abril de 2010, en Palma de Mallorca.

La forma de ver la televisión ha cambiado mucho en los últimos años. Hasta la década de los 90, el consumo de televisión se hacía única y exclusivamente a través del aparato televisor. Los niños sólo podían consumir productos televisivos allí donde había un televisor y los contenidos y el momento en que eran consumidos, los dictaba la programación. Desde la década de los 90, con la generalización del uso de Internet, la televisión va más allá. Ver televisión ya no consiste siempre en la recepción de unos contenidos obligatorios organizados en torno a un soporte, la pantalla del televisor.

Ahora, es posible utilizar diferentes medios (teléfono, ordenador, tablet…) para recibir los contenidos televisivos elegidos, en el momento que se considere adecuado. Las pantallas se han generalizado en todo tipo de dispositivos electrónicos y se puede consumir televisión en todos lados. Por eso, se hace aún, si cabe, más importante enseñar a los niños a consumirla de forma adecuada. Es imprescindible una formación crítica en alfabetización audiovisual y mediática, para poder interpretar críticamente el bombardeo de contenidos audiovisuales que forman parte de nuestro hábitat cotidiano.

Si nuestra escuela ha de preparar a los alumnos de hoy a vivir en la sociedad de forma autónoma y libre, no puede seguir ignorando este hecho. La educación pierde la mayoría de batallas frente al televisor y lo peor es que es ella misma la causante de su derrota, por desactualizada.

Los sistemas educativos evolucionan de forma mucho más lenta que las sociedades a las que sirven. La escuela de pizarra, tiza y enciclopedia de los años cincuenta, se parece a la escuela actual mucho más que la sociedad española de esos años a la sociedad actual. La escuela ha evolucionado menos que la sociedad. Ha evolucionado tan poco que apenas ha descubierto la televisión. Mientras los alumnos pasan infinidad de horas frente al televisor, se visten como sus protagonistas, se enamoran de sus modelos y compran lo que sale en ella,  en la escuela, como apunta Pablo García (2004) siguen teniendo enfrente tan sólo una gran pantalla opaca y empolvada, la pizarra.

La escuela debe de acercarse a la realidad del estudiante y si éste pasa unas tres horas al día frente a la tele algo habrá qué hacer. Con ello, no pretendo decir que porque los niños de hoy son adictos al espectáculo, se deba convertir la escuela en un circo. Pero no tiene ningún sentido dejar la pantalla fuera del aula. Se debe de enseñar a los niños a consumir de forma crítica y activa la televisión superando la irracional rivalidad que, desde hace años, enfrenta a educadores y televisión.

Explica Joan Ferrés (1994) que “el hecho de que las nuevas generaciones de alumnos hayan nacido y crecido en una iconosfera, respirando imagen, supone que sus hábitos perceptivos y sus procesos mentales se han transformado profundamente. A partir de este doble cambio, se transforman también sus gustos y sus actitudes. Se habitúan, por ejemplo, a una hiperestimulación sensorial y, a partir de ahí, acaban necesitando a todas horas una estimulación constante. Se habitúan a vivir en un mundo de concreción y de inmediatez y, a partir de ahí les cuesta moverse en un mundo de abstracción y de reflexión. Se habitúan a desarrollar procesos mentales de carácter intuitivo y asociativo, y, a partir de ahí se encuentran cada vez más dificultades en los procesos mentales relacionados con la lógica, el análisis y la abstracción. Se han habituado a contemplar el espectáculo siempre y en todo lugar y, a partir de ahí, les cuesta acceder a toda realidad que no haya sido previamente espectacularizada. Estos cambios obligan a replantear el entorno escolar.

La enseñanza es en buena medida un proceso de comunicación, y no habrá comunicación sin sintonía. No se trata, por lo tanto, de que haya que dar a las nuevas generaciones de alumnos lo que ya les ofrece a todas horas la televisión. Se trata de que, precisamente porque la televisión modifica sus hábitos perceptivos, sus procesos mentales, sus actitudes y gustos, resultará difícil sintonizar con ellos sin asumir estas modificaciones”.

La escuela debe trabajar para superar la dualidad actual entre los mensajes que los niños reciben de los medios y los que reciben en la escuela. En la sociedad actual, los medios audiovisuales transmiten de manera muy eficaz, valores, actitudes y normas. La televisión elabora discursos pedagógicos. Sin embargo, estos discursos no coinciden, a menudo,  con los que transmite la escuela. La televisión potencia el conocimiento superficial y apresurado del mundo; ofrece ejemplos de conductas poco edificantes. La escuela enseña valor del esfuerzo y la constancia. Buena parte de la labor educativa de la escuela consiste en seleccionar modelos de referencia. La tele presenta modelos disonantes con esos modelos. Este hecho desorienta a los profesores. Como apunta José Manuel Pérez Tornero, “lo que enseña la escuela durante el día, lo desmonta la tele por las noches”. Los valores que debe de transmitir la escuela no coinciden con los que transmite la televisión. La pedagogía tradicional no suministra métodos adecuados para el nuevo entorno audiovisual. Para la superación de este divorcio es necesario una buena educación en comunicación audiovisual: que enseñe a los niños a comprender y expresarse en lenguaje audiovisual, formarles para que sepan dialogar críticamente con la realidad audiovisual y dosificarla racionalmente.

Alonso, Matilla y Vázquez (1995)  realizan una interesante clasificación de las reacciones de los maestros respecto a la tele en: respuesta cero o silenciar televisión en las prácticas educativas colectivas; respuesta uno o indiferencia ante el medio; y  respuesta dos, que engloba a quienes creen que la irrupción de los medios en la sociedad moderna demanda cambios sensibles en sistema educativo y en los contextos curriculares, para que sea posible la introducción del estudio de medios. La respuesta uno o de indiferencia ante el medio, es la seguida de forma mayoritaria por los maestros, la mayoría de los cuales no cree necesario cambiar los  contenidos educativos para adaptarlos a la tele, a la que le echan la culpa de las carencias de los alumnos.  Muchos maestros se sienten abandonados por una tele que entretiene y distrae pero se olvida de la tarea  de educar. Por ello, la ignoran en clase sin pensar que sería más efectivo dotar a los niños de los instrumentos necesarios para aprender a rechazar la programación que no aporta nada, enseñar a ver la televisión de forma crítica desde las aulas. El pez que se muerde la cola. La calidad de la oferta de la programación televisiva sería muy superior, si de los centros de enseñanza salieran personas con mejor formación en el medio, alfabetizadas audiovisualmente.

Niños y jóvenes consumen, mayoritariamente, televisión de forma paralela a la escuela, sin ninguna “guía” y ello provoca que una herramienta que podría ser muy útil para reforzar el trabajo realizado en las aulas, en lugar de educar, corra el peligro de hacer todo lo contrario. Como se recomienda tras la adquisición de la mayoría de electrodomésticos, la televisión sólo debería de ser utilizada (encendida y consumida)  previa asimilación de su manual de uso. Desde muy pequeños los niños conviven con la televisión, un electrodoméstico que, mayoritariamente, ocupa un lugar privilegiado en los salones de sus casas y mucho tiempo en su vida de familia. Aprenden a encender, mirar, apagar, estar frente al aparato sin que, en la mayoría de casos, nadie se haya molestado en presentárselo, es decir,  enseñarle qué es, cómo se hace, y qué, cuándo, cuánta, dónde, cómo y por qué verlo.

La escuela es el lugar ideal para enseñar a los niños a ver la televisión de forma crítica, a leer mensajes audiovisuales y a aprovechar todo lo positivo que el medio puede ofrecer. “A menudo se considera que las imágenes televisivas han de cumplir para los niños una función de entretenimiento, y que hay que reservar para las imágenes didácticas (videogramas didácticos y similares) la función instructiva. Se tiende a caer así en una doble contradicción: las imágenes televisivas, a partir de su obsesión por entretener, acaban siendo despersonalizadoras y alienantes, y las imágenes didácticas, a partir de su obsesión por educar, acaban siendo aburridas. ¿Por qué no convertir el placer en oportunidad para el aprendizaje? ¿Por qué no aprovechar para la enseñanza las imágenes espectaculares del cine y de la televisión? No importa que no sean didácticas. Basta que sea didáctico el proceso en el que se inserten” (Ferrés, 1994, p. 132).

La televisión suele usarse como soporte de enseñanza, como un medio didáctico auxiliar, pero no se enseña a los alumnos a conocer y valorar críticamente sus contenidos y mensajes. De hecho, no es hasta 1990 cuando la Ley 1/1990, de 3 de octubre de 1990, de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE), se convierte en primera ley educativa que reconoce la importancia social de los medios y la necesidad de actualización de la escuela. El cambio referente al tratamiento en las aulas de los medios audiovisuales que supone la  LOGSE con respecto a la Ley General de Educación (1970) es abismal. Sin embargo, su propuesta de estudio de esta materia en las aulas es transversal y  bastante tímida.  Con ella, la Educación en Medios se diluye en Educación Infantil y Primaria en las distintas materias y sólo en Secundaria se ofrecen optativas específicas para el estudio de los medios. Con la LOGSE, los medios de comunicación empiezan a tener  un hueco en los programas de enseñanza y los profesores, a darse cuenta que la actualización de la escuela a las necesidades sociales requiere cada vez más del uso didáctico plural e innovador de los nuevos lenguajes de los medios de comunicación. La implantación de la LOGSE trae consigo una serie de programas dirigidos a la introducción de los medios en el aula. Cada programa tiene su medio (Atenea: informática; Mercurio: vídeo; Prensa y Escuela: prensa). La Ley insistirse en el desarrollo de tecnologías didácticas para formar a los jóvenes para que se adapten a la sociedad de la información, pero se deja de lado la formación de los jóvenes para ser ciudadanos críticos.

Con la LOGSE, la educación con los medios quedó como algo intermitente y disperso. Las diferentes optativas relacionadas con la educación en este ámbito: «Imagen y expresión», «Procesos de comunicación», en secundaria; y «Comunicación audiovisual» en Bachillerato, garantizaron una oportunidad para que aquellos centros que dispongan de profesores sensibilizados con la urgencia de educar en medios, puedan hacerlo. Sin embargo, en educación primaria no hay asignaturas optativas de este tipo.

A pesar del gran avance que en Educación en Medios, supuso la LOGSE respecto a legislaciones anteriores, la alfabetización audiovisual siguió, de forma general, siendo la gran ausente en las aulas debido, principalmente, a la escasa formación de los maestros y profesores en la materia y a la falta de un desarrollo curricular y de  materiales adecuados, es decir, programaciones desarrolladas en unidades didácticas útiles para desarrollar la materia.

En la actualidad, la Ley Orgánica de Educación (LOE, 2006) establece que la televisión está presente en el currículo educativo como área de conocimiento transversal, es decir, se plantea tratarla desde las siete áreas de conocimiento:  Conocimiento del medio natural social y cultural; Educación artística; Educación física; Matemáticas; Lengua castellana y literatura; Lengua catalana y literatura. Según el decreto 72/2008, de 27 junio, por el cual se establece en currículum en Educación Primaria en las Illes Balears, todas las áreas del currículo incluyen contenidos relacionados con las tecnologías de la información y la comunicación. No obstante, al profundizar en los contenidos de cada área en concreto, vemos que la de Conocimiento del medio natural, social y cultural es una de las que hace más hincapié en la educación en nuevas tecnologías. Según el  decreto 72/2008, de 27 junio, por el cual se establece en currículum en Educación Primaria en las Illes Balears: “el entorno hace referencia a aquello que los niños pueden conocer mejor puesto que es fruto de sus experiencias sensoriales directas o indirectas, porque les es familiar y porque es cercano en el tiempo o en el espacio, aunque el uso de las tecnologías de la información y de la comunicación hacen que esta proximidad dependa cada vez menos de la distancia física. Por eso, especialmente en esta área, debe considerarse la importancia que tiene la información que los niños reciben a diario procedente de los medios audiovisuales y tecnológicos. Deben facilitarse a los alumnos los instrumentos necesarios para poder entender las informaciones a que acceden y para interpretarlas de manera adecuada. Considerando las características tanto del área como del alumnado, deben utilizarse, en todos los ciclos de la educación primaria, y de manera sistemática y progresiva, los procedimientos de recogida, selección y análisis de la información, por medio de las fuentes tradicionales y el uso de las tecnologías de la información y de la comunicación. Igualmente, debe fomentarse la actitud investigadora para explorar la realidad por medio de diferentes actividades y, entre ellas, las que impliquen un trabajo de campo”.

En el área de Conocimiento del Medio, los contenidos se han agrupado en bloques que permiten la identificación de los principales ámbitos que componen el área. El Bloque 7, en concreto, se centra en objetos, máquinas y tecnologías e incluye los contenidos que se refieren a la alfabetización en las tecnologías de la información y la comunicación. Entre sus objetivos también destaca:
iniciarse en la utilización de las tecnologías de la información y de la comunicación y desarrollar un espíritu crítico ante los mensajes que recibe y elabora.

En Diciembre de 2009, el Parlamento de la Unión Europea aprueba un informe en el que  recomienda a los Estados miembros la puesta en marcha de una asignatura de «Educación Mediática» en los colegios. Lo hace con 583 votos a favor, y sólo 23 en contra y 4 abstenciones.  Se propone que se introduzca esta nueva asignatura en las escuelas, con el objeto de impulsar la alfabetización mediática y el uso de Internet, porque se entiende que ésta es la mejor forma de conocer y valorar críticamente los contenidos, los mensajes y los formatos de los medios de comunicación; y que ello permitirá desarrollar  estrategias y competencias que les permitan filtrar certeramente la información recibida de la prensa, el cine, Internet, la televisión, los videojuegos, la publicidad y los nuevos formatos de comunicación telemática interactiva en el universo de pantallas con el que socialmente convivimos. La decisión de la Eurocámara es un espaldarazo que da por sentado que una escuela moderna necesita formar ciudadanos que se de desenvuelvan de forma autónoma y crítica, esto es, personas con una cualificación personal y social que les facilite el saber «convivir» con los medios de comunicación. Estas competencias no se adquieren por el consumo diario, ni por generación espontánea, como muchos creen, sino que es imprescindible una formación crítica en alfabetización audiovisual y mediática, entendiendo éstas como las destrezas, habilidades, actitudes y aptitudes mínimas  para poder interpretar juiciosamente el bombardeo de imágenes que forman parte  de nuestro hábitat cotidiano.

A pesar del informe aprobado en  diciembre de 2009 en el Parlamento de la Unión Europea, a día de hoy dicha asignatura no se ha implantado en las aulas de nuestro país, donde, tal y como hemos visto,  la educación audiovisual está presente en el currículo educativo de Educación Primaria como área de conocimiento transversal.  Además, la mayoría del profesorado se encuentra con que no sabe ni cómo, ni con qué materiales impartir los contenidos relacionados con los medios de comunicación.

En España,  la integración en el currículo de contenidos relacionados con la Educación para los Medios es escasa y, en la mayoría de casos, se reduce a iniciativas aisladas de profesores individuales o de pequeños grupos de profesores. Faltan materiales didácticos, programaciones desarrolladas en unidades didácticas  para trabajar la televisión en las aulas y conseguir que la Educación en Comunicación sea una realidad en las escuelas, que va más allá de la pura descripción del funcionamiento de los medios, es decir, que se desarrolla también un análisis crítico de los contenidos.
Las altas dosis de consumo de televisión que toman los niños diariamente y la escasa presencia de esta temática en el currículum educativo llama la atención. La falta de materiales curriculares que sirvan para introducir la materia en las aulas complica la tarea a los docentes. En este sentido, según José Ignacio Aguaded (2004):  “El diseño y la puesta en marcha de programas didácticos para enseñar a ver la televisión en los centros educativos es cada día una necesidad más apremiante. Las altas dosis de consumo televisivo a que los niños y jóvenes de hoy se someten diariamente y la escasa o nula presencia de esta temática dentro del currículum escolar es, sin duda, uno de los aspectos más llamativos del proceso educativo… ¿cómo no se enseña a consumir de forma inteligente y racional los mensajes televisivos? Ahora bien, la escasez de materiales curriculares es uno delos principales inconvenientes para el desarrollo de estos nuevos ámbitos de conocimiento, ya que los docentes tienen graves dificultades a la hora de diseñar este tipo de materiales curriculares contextualizados dentro de materias novedosas y difícilmente sistematizables. En esta línea, es esencial que la administración educativa fomente la publicación de materiales curriculares que atiendan a la concreción de los diseños, de una forma flexible y fácilmente adaptable a los contextos concretos de aprendizaje”.

Los profesionales del mundo educativo y la comunicación deben trabajar conjuntamente para desarrollar estrategias didácticas que consigan que niños y jóvenes interaccionen positivamente con la televisión, de forma que sepan aprovechar su potencial lúdico y formativo a la vez que la consumen de forma inteligente, racional y activa y analizando sus mensajes de manera selectiva y crítica. En esta tarea, deben colaborar tres ejes básicos. En primer lugar, el gobierno y los propios medios, que no deben olvidar nunca que la televisión es un servicio público cuyas principales funciones son informar y educar. En segundo lugar, la familia, puesto que es en el hogar donde los niños consumen, principalmente, televisión. Y, finalmente, la escuela, porque si se trabaja desde las aulas en formar a telespectadores críticos, la pequeña pantalla se puede convertir en pizarra.

Adaptarse o morir (…)

 

BIBLIOGRAFÍA

AGUADED, J,I.: “¿Es posible enseñar a ver la tele? Utopías y realidades”. Educaweb.com. 2004.

CONSEJO AUDIOVISUAL DE CATALUNYA.: Libro blanco sobre la educación en el entorno audiovisual. CAC, Barcelona, 2004.

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FERRÉS, J.: Televisión y educación. Paidós, Barcelona, 1994.

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MATILLA, L.: “Televisión, escuela y sociedad”. APUMA, 10. 1995.

MC LUHAN y otros.: El aula sin muros. Laia, Barcelona, 1974.

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SARTORI, G.:  Homo videns. La sociedad Teledirigida. Taurus, Madrid, 1998